La exploración de los genitales es una parte fundamental de la semiología clínica, requiriendo no solo destreza técnica, sino también un alto nivel de ética, respeto a la privacidad y comunicación con el paciente. Tanto en hombres como en mujeres, el objetivo principal es identificar patologías cutáneas, infecciosas, estructurales o neoplásicas mediante dos fases principales: la inspección y la palpación.
Exploración de los Genitales Masculinos
La evaluación del aparato reproductor masculino se divide en la inspección de la superficie y el prepucio, el examen del glande y meato, y la palpación del tronco y la uretra.
Inspección de la Piel y el Prepucio
El primer paso consiste en evaluar el estado de la superficie de la piel en las caras dorsal y ventral, así como en la base del pene. Si el paciente presenta prepucio, este debe retraerse para permitir una visión completa. Durante este proceso, el examinador debe buscar:
- Lesiones cutáneas: Como las excoriaciones causadas por el rascado.
- Infestaciones: Presencia de pediculosis o escabiosis.
- Acumulaciones: Presencia de esmegma.
- Anomalías del prepucio: Se debe distinguir entre la fimosis (imposibilidad de retraer el prepucio) y la parafimosis (cuando el prepucio no puede retornar a su posición original, lo cual es una urgencia).
- Neoplasias: Detección temprana de posibles signos de cáncer de pene.
Inspección del Glande y el Meato Uretral
Una vez retraído el prepucio, se inspecciona el glande y el meato uretral en busca de úlceras, cicatrices, nódulos o inflamación. Es crucial evaluar la localización del meato para descartar anomalías congénitas como la epispadias o la hipospadias. Asimismo, la presencia de inflamación puede indicar condiciones como la balanitis o la balanopostitis.
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